<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-248271170383897993</id><updated>2012-02-01T01:11:23.205-03:00</updated><category term='Caicedo'/><category term='Cuento'/><category term='Literatura'/><title type='text'>99 vueltas</title><subtitle type='html'>(y una más)</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://99vueltas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/248271170383897993/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://99vueltas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Cata.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17214260678726049638</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/-syKlwCWZjsY/TwZpuA6CbdI/AAAAAAAAAoY/BRwFItFaLZA/s220/A%2Bcaballo%2B%2528marco%2529.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>2</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-248271170383897993.post-4785824512352464389</id><published>2010-08-26T01:25:00.000-04:00</published><updated>2012-01-03T18:07:19.152-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Caicedo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Algo supuestamente divertido que quizás nunca volveré a escribir</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pensé que íbamos a tener una conversación inteligente, pero fue falsa alarma. Nadie en este país es como tú, pero también sé que es mi culpa por predisponerme a todo lo que pueda pasar, imaginar a cada segundo mil posibilidades de lo futuro como si mi vida fuera una mesa de tarot o una alfombra egipcia y no lo que es: este deambular de biblioteca en biblioteca más en busca de una imagen propia que de algún libro.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;Sufro de una imposibilidad de contar sin un tic retórico, sin un espasmo histérico. Voy a partir contando que fue tu culpa, que por tu culpa me subí a la micro equivocada y  lo supe apenas me senté: justo atrás mío una mexicana le hablaba a un tipo bonito sobre ciencia política y  perestroika. Mientras ella hacía prácticamente una tesis de micro, el bonito miraba su reflejo en la ventana sin parar. Yo me acordé inmediatamente de ti y de tu cara de circunstancia ¿pero qué es una cara de circunstancia? Lo pienso y veo tu cara cada vez que trato de hablarte de un libro que me gusta….te vas alejando y poniendo cada vez más pálido, pero ni siquiera sospechas que la que se aleja soy yo: tú estás ahí sentado pensando en otras cosas, pero yo ya estoy en otra calle y en otra vida tratando de acordarme, sin éxito, de la manera que tenías de sostener el cigarrillo que me gustaba tanto o de algún gesto como de prostitución que me hacía pensar en ti. Imposible. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;Apenas bajamos los tres de la micro, en Macul con Irarrázabal, el bonito me mira con interés, pero con un interés casi científico, como si yo fuera un ratón de laboratorio a punto de colapsar en la rueda por un ataque de viruela. Mientras me examinaba la cara, aproveché de hacer lo propio y capté que el epíteto que le había puesto no era gratuito: tenía unos ojos tan verdes que no se podían mirar mucho rato sin pensar en el mar de otros países. Inmediatamente noté que la mexicana y el bonito levaban bolsos iguales: unas ridículas carteras rojas con las siglas de una universidad de regiones, parece. La mexicana no paraba de hablar de un tal Fernando que le había prestado un libro de un cientista político—&lt;i&gt;y Fernando opina que la Unión Soviética…pero yo en realidad no estoy muy de acuerdo…&lt;/i&gt;—pero lo hacía sin interlocutor, hablándose a sí misma en un monólogo interminable que se notaba que se decía todo el tiempo para reafirmarse como la rata inteligente que, probablemente, estaba lejos de ser. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;Lo que es él, lo que eres tú en el fondo, se entretenía mirando lo que pasaba tras los ventanales de la Pizza Hut de la esquina con tanta astucia, que era capaz al mismo tiempo de corregir una referencia o aportar un nombre olvidado al programa de radio ambulante que tenía por amiga. Yo me entretenía tanto mirándolos que se me había olvidado que tenía frío y que estabas esperándome a dos cuadras, odiándome probablemente por llegar 15 minutos tarde a todas nuestras citas, por razones indebatibles. Lo que no sabes es que lo hago a propósito, que te hago esperar porque me encanta tu cara cuando aparezco y es como si hubiera estado muerta o si acabara de salir del coma: una expresión indescriptible de rabia y milagro y ganas de mandarme otra vez al coma de la que sé que soy totalmente responsable. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;Estaba tan concentrada viendo la cara “de circunstancia” con la que me ibas a mirar dentro de cinco minutos, que me asusté un poco cuando el bonito me agarra del hombro. &lt;i&gt;Oye, ¿Tienes hora?.&lt;/i&gt; Sorprendentemente, hasta para mí,  la mexicana seguía hablando de Gorbachov- y- no- sé- qué- mas mientras el bonito me miraba nervioso. &lt;i&gt;Las 10 y media&lt;/i&gt; contesté, con la inevitable cara de pájaro que pongo en estos casos. &lt;i&gt;Gracias, te hago una pregunta&lt;/i&gt;—nunca entiendo bien las frases interrogativas ¿me estará informando que me va a hacer la pregunta o preguntándome si me puede preguntar?—y me lanza un &lt;i&gt;¿cachai dónde nos podemos tomar una piscola por acá?&lt;/i&gt; A mi ya se me había olvidado que no me gustan ni el pisco ni el navegao cuando iba subiendo por Irarrázabal con la parejita del año. No es excusa, pero me acordaba todo el tiempo de tu cara alejándose de mí por cuadras y cuadras y me venía al estómago una sensación como de nervio y risa. Me dieron ganas de devolverme varias veces, en especial en los semáforos, pero la mexicana me tenía bien atada con su conversación y el bonito con su presencia: ella hablaba ahora de política latinoamericana—creo—y el se miraba unas converse blancas y desgastadas sin ánimo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;i&gt;  Disculpen, no sé sus nombres&lt;/i&gt; dije, interrumpiendo el discurso de la futura primera mujer presidente de México. El bonito me contesta que Pablo. Pablo también, pensé yo, aunque no se parecen en nada: la belleza de él es un golpe en la cara, mientras que la tuya es nadar de noche. Muy distinto. Ya no me acuerdo como se llamaba la rata, pero tenía de esos nombres típicos que uno espera que las mexicanas tengan como “Susana” o “Berenice” (a todo esto la ratona era venezolana según creí entender después, aunque eso en mi relato ya no importa mucho). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;Leo y releo estás páginas pensando en cómo las vas a leer tú después—con qué cara, con que ropa, con qué ganas—y caigo en cuenta de lo mismo de siempre: es obvio que te vas reír. Ni siquiera puedo explicar bien porqué—no podría explicártelo sin que te rieras—pero frases tan naif como “nadie en este país es como tú” nunca pegan contigo, siempre hablan de otra cosa. Suena aún peor cuando lo escribo que cuando lo digo. No me importó entonces, cuando lo escribí, ni tampoco me importa ahora: me va a importar en unos días, cuando manteniendo una conversación casual en el metro o espiando una conversación casual en la micro vuelva a posar la lengua del pensamiento una y otra vez sobre esa frase, como leí en un cuento por ahí. Lamiendo y relamiendo sin un verdadero fin o una respuesta, si no por el puro placer de pensar que al fin me estaba pasando algo, que al fin estaba siendo alguien y que no salí ayer  del líquido amniótico.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;Como te iba diciendo, la mexicana hablaba sin interlocutores al punto de marearme y darme vergüenza, pero el bonito de Pablo parecía retrato antiguo o foto en blanco y negro: estoico, pendiente a ratos, consumiendo su mundo interior a una velocidad de 1000 por minuto. O al menos esa es la impresión que tengo yo de las fotos viejas que hay en mi casa: los retratados están en cualquier lugar menos ahí, la foto es sólo el intento, un poco ridículo—pero de ese ridículo que es tan humano—de retener el instante de una sonrisa o el brillo de los ojos de ese alguien que se nos escapa, así como la magia negra o la cocina. Todos igual de patéticos y oscuros. Por eso nunca te tomé fotos, por eso y porque la fotografía es siempre el pasado y la prueba de todo lo que se puede tapar entre nosotros cuando coincidimos en algo—en una opinión, en el libro por el que nos desvelamos anoche—y creemos que eso es todo. Ese flash forward emocional con el que nos mentimos para no quedarnos más solos. Ahora pienso que en realidad no es tu culpa: nos miramos como desde países distintos…pretendemos igualarnos inocentemente y a veces lo logramos, pero de fondo siempre queda algo de otro lado. Una cita que nos gusta mucho o una manera de caminar y ya somos diferentes. Nada que hacer contra eso. No te diste cuanta a tiempo, yo te miré  y vi un Matta, un pez dorado nadando contra la corriente artificial de su pecera. Tú me miraste y no viste nada más que lo que se ve a simple vista en una cara como la mía: pájaros y decepción. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;Entonces de pronto, la mexicana se calla de golpe y luego me interroga &lt;i&gt;y tu, chiquita  ¿qué es lo que haces?&lt;/i&gt; Esas preguntas siempre me obligan a contestar con voz de concursante de programa de radio. Pensé en lo paradójico de todo eso y me dio risa porque me imaginé cómo te lo iba a contar después, que te iba a gustar tanto la historia y que me ibas a dar una palmada en la cabeza como si yo fuera el gato que en realidad soy. El bonito me miró escandalizado mientras  la mexicana volvía a la carga, sólo que ahora hablaba venenosamente sobre lo degradante de la risa y no me miraba en absoluto. Sin saber muy bien cómo, ya habíamos avanzado unas cinco cuadras y nadie tenía intenciones de parar: yo no entendía muy bien porque seguía con ellos en vez de ir a encontrarme contigo, pero era como si me guiara una intuición, una locura morbosa por conocer el final de mi historia, por asomarme al final de esta realidad posible que ya había elegido y que no podía abandonar sin sumirme en dudosas fantasías sin futuro sobre lo que podría haber pasado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 115%; "&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/248271170383897993-4785824512352464389?l=99vueltas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://99vueltas.blogspot.com/feeds/4785824512352464389/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://99vueltas.blogspot.com/2010/08/algo-supuestamente-divertido-que-quizas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/248271170383897993/posts/default/4785824512352464389'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/248271170383897993/posts/default/4785824512352464389'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://99vueltas.blogspot.com/2010/08/algo-supuestamente-divertido-que-quizas.html' title='Algo supuestamente divertido que quizás nunca volveré a escribir'/><author><name>Cata.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17214260678726049638</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/-syKlwCWZjsY/TwZpuA6CbdI/AAAAAAAAAoY/BRwFItFaLZA/s220/A%2Bcaballo%2B%2528marco%2529.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-248271170383897993.post-852455145936295150</id><published>2009-07-31T02:08:00.000-04:00</published><updated>2012-01-03T18:09:31.777-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>Que cosas habré pensado de ti esta noche Allen Ginsberg</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La luna es probablemente uno de los misterios mas extraños de la humanidad: por un lado expresión del sentimentalismo, la poesía y hasta de la cursilería en su calidad de astro inalcanzable. &lt;/div&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Ejemplos hay miles, pero aquí el que más me gusta: "Que linda la luna redonda como escopeta/ No es tuya ni mía/ Devuélveme los zapatos" )&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_zSCTSiP1xv0/SnKbTcNbU5I/AAAAAAAAAa4/oZUAee8Sb3I/s1600-h/ginsberg_enlarge.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="text-align: justify;margin-top: 0pt; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 156px; height: 200px; " src="http://1.bp.blogspot.com/_zSCTSiP1xv0/SnKbTcNbU5I/AAAAAAAAAa4/oZUAee8Sb3I/s200/ginsberg_enlarge.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5364520864444011410" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por otro lado, cuando hace 40 años el hombre logró alcanzar la inalcanzable luna los más escépticos seguramente pensaron que el astro había perdido toda su calidad poética. No podemos seguir haciendo religión de la luna, está resuelto el misterio.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin embargo, el tiempo demostró lo contrario: a pesar de que la ciencia logró llevarnos hasta la luna, está muy lejos de resolverla,  desarmarla o desnudarla. Y supongo que por eso nos gusta tanto. &lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;La luna es como Cordelia de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;Diario de un seductor&lt;/span&gt;&lt;span&gt; de Kierkeegard, una sorpresa que ya sabemos de que se va a tratar pero sigue pareciendo intrigante...hasta que de un paso en falso y seamos capaces de verla en su verdadera dimensión. Ahí va a perder toda la gracia, pero mientras tanto leamos a Ginsberg.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span&gt;"Un supermercado en California" es un poema vanguardista desde la primera estrofa: "autoconsciente, mirando la luna llena". Es decir en otras palabras que el romanticismo está muerto, ya no hago el gesto de mirar a la luna, si no que lo reciclo: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold; "&gt;decido&lt;/span&gt;&lt;span&gt; mirar a la luna para responder de alguna forma al canon. Ya no levanto la vista con los ojos llorosos, si que hago una parodia de esto mismo, pero sin lección. Sin verdadero lenguaje.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y conste que esta futura "desacralización" de la luna como inspiración de los poetas, Ginsberg ya la deja entrever en el año 55.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sinceramente es el único poema que me gusta, que puedo leer 3580 veces y siempre decidir una nueva parte favorita. Aquí va:&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span&gt;&lt;span &gt;Un supermercado en California&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 21px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;    &lt;span style="font-weight: normal; font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span &gt;&lt;strong&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="font-weight: normal; "&gt;Q&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span&gt;ué cosas he pensado de ti esta noche, Walt Whitman, mientras caminaba por calles laterales bajo los árboles con un dolor de cabeza, autoconsciente, mirando la luna llena.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En mi hambriento cansancio y en busca de imágenes que comprar, entré al supermercado de frutas de neón, ¡soñando con tus enumeraciones!&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Qué duraznos y qué penumbras! ¡Familias completas comprando de noche! ¡Pasillos repletos de maridos! ¡Sus esposas entre las paltas, los bebés en los tomates! ––y tú, García Lorca, ¿qué hacías allá abajo junto a las sandías?&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Te vi Walt Whitman, sin hijos, viejo mendigo solitario, hurgando entre las carnes del refrigerador, mirando insistente-mente a los muchachos de la verdulería.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Te oí preguntándoles a todos: ¿Quién mató las chuletas de cerdo? ¿A cuánto las bananas? ¿Eres tú mi Ángel?&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vagaba entrando y saliendo por entre los brillantes montones de tarros siguiéndote, perseguido en mi imaginación por el detective de la tienda.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dimos zancadas por los amplios corredores juntos en nuestra solitaria fantasía saboreando alcachofas, poseyendo cada una de las congeladas delicias, nunca pasando por el cajero.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Adónde vamos, Walt Whitman? Las puertas cierran en una hora. ¿A qué dirección tu barba apunta esta noche?&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Toco tu libro y sueño con nuestra odisea en el supermercado y me siento absurdo.)&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Caminaremos toda la noche por las calles solitarias? Los árboles agregan sombras a las sombras, están apagadas las luces de las casas, ambos estaremos solos.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Nos pasearemos soñando la perdida América del amor pasando por los azules automóviles aparcados en las entradas de las casas, de regreso a nuestra cabaña silenciosa?&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ah, querido padre, de barba gris, solitario y viejo maestro del coraje, ¿con qué América te encontraste cuando Caronte dejó de impulsar su barca y saliste a una nebulosa rivera y te quedaste mirando cómo desaparece el bote en las negras aguas del Leteo?&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: right; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 14px;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;em style="font-style: italic; "&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Berkeley, 1955&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: italic;" face="trebuchet ms" align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong face="trebuchet ms"&gt;&lt;/strong&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong face="trebuchet ms"&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/248271170383897993-852455145936295150?l=99vueltas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://99vueltas.blogspot.com/feeds/852455145936295150/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://99vueltas.blogspot.com/2009/07/que-cosas-habre-pensado-de-ti-esta.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/248271170383897993/posts/default/852455145936295150'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/248271170383897993/posts/default/852455145936295150'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://99vueltas.blogspot.com/2009/07/que-cosas-habre-pensado-de-ti-esta.html' title='Que cosas habré pensado de ti esta noche Allen Ginsberg'/><author><name>Cata.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17214260678726049638</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/-syKlwCWZjsY/TwZpuA6CbdI/AAAAAAAAAoY/BRwFItFaLZA/s220/A%2Bcaballo%2B%2528marco%2529.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_zSCTSiP1xv0/SnKbTcNbU5I/AAAAAAAAAa4/oZUAee8Sb3I/s72-c/ginsberg_enlarge.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry></feed>
